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Implicaciones de la Encarnación del Hijo de Dios (continuación)

Lunes, 12 Diciembre 2011 05:26

El Hijo de Dios se encarnó. Unió en sí mismo misteriosamente las naturalezas humana y divina, y de esta manera nos reconcilió con Dios, haciendo que la ofensa de nuestros primeros padres, Adán y Eva, no tuviera sobre nosotros la última palabra. Efectivamente, la sentencia debida a la ofensa que nos mereció la muerte, el sufrimiento y el destierro de la presencia de Dios, quedó sin su efecto irrevocable; y a través del bautismo fuimos injertados, nos dice San Pablo en la humanidad de Cristo y nos posibilita también, por voluntad de Dios a compartir su vida divina.

Dios hecho hombre, hace que su actuar humano sea al mismo tiempo actuar divino. Sólo Él, el Hijo unigénito puede agradar al Padre, quien tiene en Él todas sus complacencias, debido a su obediencia perfecta al plan de Dios. Esta unión a Cristo por el bautismo, nos posibilita agradar a Dios por nuestra obediencia como la del Hijo muy amado. Así, en tanto que "reproduzcamos" en nosotros la imagen del Hijo obediente, humilde, casto, entregado por amor al Padre y a nuestros hermanos, todas nuestras acciones son también actos agradables al Padre. En Jesús, unidos a Él por reproducir en nosotros su imagen, podemos hacer lo que Él hizo y aún cosas mayores, nos aclara Él mismo.

Nos dice san Pablo que sin fe no es posible agradar a Dios. Y es que la fe es confianza en Dios, creer en su Palabra y en su amor infinito por nosotros, y en consecuencia, entregarnos sin reservas a su Voluntad. Tú y yo, cuando hacemos este acto de fe, de confianza, de entrega a su Voluntad perfecta, podemos hacer que nuestro trabajo, descanso, diversión, etc sean agradables a Dios. Podemos hacer que nuestros actos humanos, sean actos divinos como los del Hijo. Por eso nos dice san Agustín: "Ama, y haz lo que quieras"... continuará.

IMPORTANTE: Si estos escritos te han servido para meditar y amar el misterio de la Encarnación, házmelo saber con tus comentarios. Gracias y que Dios te bendiga.